Tulancingo y el Ángel de la Independencia.

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“Tulancingo y el Ángel de la Independencia”

Eran los albores del Siglo XX. Hacía cerca de cien años que México había alcanzado su independencia y la situación social, política y económica del país, demandaba ubicarnos en el concierto internacional como una Nación sólida, fuerte, democrática y preparada para despegar como una potencia mundial.

El Presidente Porfirio Díaz lo sabía, por ello inició prácticamente junto con el siglo, los preparativos del festejo del bicentenario, ya que tal como lo señala Rafael Tovar y de Teresa en su libro “El último brindis de Don Porfirio”, su objetivo era que todas las naciones libres del mundo acudieran a la celebración para que fueran testigos del progreso y paz social que imperaba en México.

Paradójicamente, al mismo tiempo se fraguaba el movimiento social más importante del Siglo XX: la Revolución Mexicana que llevaría a Don Porfirio al exilio y a México a un episodio de guerra interna que lo convulsionaria severamente.

Como parte del festejo, Díaz planeó construir un monumento que se convirtiera en símbolo de la patria. El 2 de enero de 1902 colocó en un pequeño cofre el acta de independencia y unas monedas acuñadas ese año. Sobre él, la primera piedra del nuevo símbolo de nuestra independencia en pleno Paseo de la Reforma.

Para mayo de 1906, la obra mostraba un avance significativo, sin embargo, los más de 25 metros de altura construidos hasta ese momento comenzaron a hundirse, mostrando una mala ingeniería, por lo que tuvo que ser demolida.

Para recomenzar los trabajos, Don Porfirio designó a Antonio Rivas Mercado, cuyas obras se convertirían en un símbolo de su tiempo. Una de las edificaciones más emblemáticas dirigida por este arquitecto, fue la casa de los Torres Adalid, construida frente a la Alameda Central en la Ciudad de México. Este edificio palaciego fue propiedad de Ignacio Torres Adalid, quien estaba casado con Juana Rivas Mercado, hermana de Don Antonio.

Ignacio Torres Adalid tenía un fuerte vínculo con Tulancingo. Desde niño visitaba las haciendas y propiedades que sus abuelos poseían en la región. Entre sus amistades más cercanas se encontraba un joven ingeniero Tulancinguense llamado Roberto Gayol, a quien recomendaría con Rivas Mercado, para que se encargara del desarrollo de las ingenierías del nuevo monumento.

Muchas fueron las contribuciones de este Tulancinguense al país. Como ingeniero desarrolló diversos proyectos, entre ellos el drenaje de la ciudad de México, el sistema de drenaje de las colonias Roma y Condesa y el primer Hospital General de la Ciudad. Como político, fue diputado en Hidalgo y Puebla, entre otros cargos.

Gayol fue fundamental en el desarrollo de aquel monumento inaugurado el 16 de septiembre de 1910 por el presidente Porfirio Díaz. Se trata de la Columna de la Independencia, en cuyo punto más alto reposaba una escultura del Italiano Enrique Alciati, inspirado en el Nike de Samotracia, la victoria alada que personificaba, para los griegos, a la diosa de la victoria.

Si bien el “Ángel” como hoy lo conocemos, no es el original, ya que tuvo que ser reemplazado después de que se derribara a causa del temblor que sacudió la Ciudad de México en 1957, ha sido, desde 1910, un símbolo para todos los mexicanos y ello se debe, en buena parte, a las manos e ingenio de un hombre, nacido en nuestra tierra.

Por Marco Antonio Mendoza Bustamante.

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