Ascendiendo al Yólotl; un sendero a la transformación.

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En el municipio de Cuautepec de Hinojosa, en Hidalgo, existe una mística montaña llamada Yólotl (corazón), que desde tiempos mesoamericanos, ha sido motivo de inspiración de muchas historias; siempre presente en la cosmovisión de los pobladores que circundaban el lugar.

En esa Era, el Valle de Tulancingo fue un fastuoso bosque con ríos caudalosos y fauna muy diversa, ahora extinta. Subir a ese santuario requería, no solo pericia y fortaleza física, también exigía un equilibrio ante las fuerzas que ahí habitan.

Cuando los niños entraban en la pubertad, requerían enfrentarse al Gran Señor, en la prueba más noble y compleja; ascenderlo. Por la noche eran preparados en una comunal ceremonia, los hombres de la familia narraban sus experiencias al joven en turno, lo alentaban y aconsejaban, mientras el niño era pintado de blanco con motivos rojizos, directos de la chinchilla del nopal.

Al amanecer antes de que el Sol saliera, justo por la montaña, corría alentado por la algarabía de su comunidad, misma que no paraba hasta su regreso; teponaztles y Huehuetéotl lo inspiraban, aún en la lejanía.

Al llegar a las faldas, tocaba su caracol para pedir permiso, y esperaba alguna señal del cerro para poder subir, al llegar a la cumbre tocaba a los seis rumbos, entregaba su ofrenda y recibía su nueva esencia, el niño habitaba ahí por siempre entre lozanía y belleza, el joven regresaba al pueblo, donde a partir de ese momento sería un hombre más en su sociedad.

Lic. Marco Antonio Mendoza Bustamante

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