Nahuas y Otomíes en Tulancingo.

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Para la llegada de los españoles a la zona de Tulancingo, ya existía una disputa territorial añeja entre dos parcialidades, entre aquellos que los españoles conocían como chichimecas y Teochichimecas, como refiere Torquemada.

Estos dos grupos son fáciles de identificar, ya que a la parcialidad de Tlatoca le correspondía a los que actualmente llamamos nahuas y que hablan náhuatl, y la zona denominada como Tlaixpa, le correspondía a aquellos que hoy en día conocemos como otomíes.

Existe cierta documentación con la cual se puede identificar los líderes de la zona nahua, pero de los otomíes es difícil asemejar a los caciques de la franja, ya que este grupo en específico es muy hermético y pareciera que se encargaron de esconder cualquier pista sobre sus líderes en época colonial.

Son innumerables las diferencias entre estos dos pueblos, a pesar de vivir en la misma zona, por ejemplo, los nombres de todos los dioses son distintos a pesar de ser la misma deidad.

En esa época Tulancingo se distinguía por su gran producción agrícola, ya que por el pueblo cruzaban caudalosos ríos, y alrededor existían tierras de riego muy productivas.

En dichas tierras se producía, maíz, lentejas, habas, alverjones, trigo, legumbres, y todas las tierras se regaban desde un ojo de agua que decían se encontraba a legua y media de la cabecera.

En el registro tributario, en la cabecera de Tulancingo existían tan solo 700 tributarios de lengua otomí y náhuatl, y de los pueblos alrededor, 2390 tributarios.

Con lo que se comprueba la importancia de Tulancingo para la corona española, ya que era un proveedor importante de materia prima, semillas, frutas y verduras.

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