Las brujas del cerro del tezontle.

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L.H. Lorenia Lisbeth Lira Amador.

Una de las leyendas más representativas de nuestra ciudad es la referente a las brujas del cerro del tezontle. El cerro del tezontle es el montículo alrededor del cual se formó Tulancingo y el cual, tiempo después se pobló también.

Como ya se ha mencionado en este espacio, el cerro del tezontle se comenzó a poblar desde tiempos inmemoriales, posteriormente, en la colonia, fue ocupado por indígenas desplazados por la ciudad de blancos.

Había muchos nexos culturales y de parentesco con Acaxochitlán, de hecho por Metilatla salía el camino que continuaba después por el Abra, para salir precisamente a esa demarcación.

Es en ese contexto, de un cerro apenas poblado por indígenas y mestizos, con fuertes relaciones con Santa Ana Hueytlalpan y  con Acaxochitlan en donde surge esta leyenda de 7 mujeres con nombre de ave que seguramente eran yerberas y curanderas. Sus nombres: Alondra, Mirla, Clorinda, Mirta, Paloma, Urraca y Golondrina

La más joven se casó con un campesino de Acaxochitlán por consejo de sus compañeras, y  cuando el matrimonio partió a vivir para allá, el joven se dio cuenta de que su esposa se deprimía cada vez más. Temiendo algo extraño (siempre sospechó que su esposa no era del todo normal) le dijo a Alondra que fuera a visitar a sus familiares a Tulancingo, ella accedió pero con una condición: quería ir sola, lo que aumentó más las sospechas de su marido, quien fingiendo consentirlo, dejó que Alondra partiera.

Todo el tiempo la fue siguiendo, y al llegar a Tulancingo, se dio cuenta de que en lugar de dirigirse a la casa de sus familiares, se dirigía a las cuevas del cerro del tezontle, en ese entonces casi deshabitado. Más sorprendido quedó cuando descubrió a  su esposa participar de lo que parecía un aquelarre. La leyenda dice que de lejos vio como de las cuevas salieron volando luces rojas que se dirigieron a la ciudad. Él, asustado, una vez que comprobó que no había nadie, quemó todo lo que vio en la cueva, creyendo que de esa manera terminaría con esas brujas.

Esta leyenda muestra el difícil tránsito de las creencias prehispánicas y sus rituales, que chocaban drásticamente con el pensamiento católico. En la época colonial, a toda persona que preservara la sabiduría ancestral de la herbolaria o de la medicina tradicional, era considerada bruja, sobre todo si ella había heredado también el ser granicera o partera.

Ese miedo a lo desconocido hizo que durante años las madres pusieran cruces, imágenes, tijeras en forma de cruz protegiendo a sus hijos de esas luces extrañas que muchos todavía hoy afirman se ven en algunos cerros como el Salado en Santiago Tulantepec o el Yolo en Cuautepec. Las cuevas del cerro del tezontle se ha visto rodeadas de la ciudad y ya nadie afirma haber visto a las brujas del cerro del tezontle.

L.H. Lorenia Lisbeth Lira Amador.

 

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