Antiguo Acueducto del Valle de Tulancingo

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Por Marco Antonio Mendoza Bustamante

La lluvia, fue por mucho tiempo, la forma de abastecimiento del agua que usaron las civilizaciones más antiguas para la agricultura de temporal, asimismo en la actualidad es la forma en que se realiza la siembra en localidades rurales de nuestro estado.

Grandes civilizaciones de la historia antigua, florecieron gracias al establecimiento de sus ciudades al lado del lecho de caudalosos ríos, venas de la tierra que, desde lo alto de la montaña, trasladan el cristalino vital líquido.

Ejemplo de estas culturas es la de Egipto, que se postró al lado del río Nilo, Mesopotamia, y creció entre los ríos Tigris y Éufrates, mientras que China se abastecía del YangtseKiang y el río HoangHo.

Mesoamérica no podía ser la excepción y diversas culturas se desarrollaron alrededor de ríos y lagos que utilizaron para realización de diversas actividades cotidianas, importantes para el desarrollo de las sociedades antiguas.

El primer estudio panorámico sobre la distribución de los regadíos en Mesoamérica, se lo debemos a Ángel Palerm en 1972, quien documentó la existencia de 382 puntos con mención de riego prehispánico diseminados en 16 estados de la república mexicana, resultado de 292 pueblos indígenas con referencias de uso de huertas, tipo regadío.

Palerm observó que el área de distribución de irrigación en Mesoamérica coincide con la mayor concentración demográfica, urbana, política y militar en la temporalidad previa a la conquista.

En esta dispersión tuvo gran importancia la Cuenca de México, en el valle de Morelos con los ríos Atoyac y el Balsas, de los valles de Tlaxcala y Puebla con los ríos Atoyac Y Nexapa, la Mixteca baja con el río Salado, en Guerrero con el río Balsas y Tepaltepec, el Valle de Oaxaca con la cuenca de Pátzcuaro y en el estado de Hidalgo con los ríos Tula y el río Grande de Tulancingo.

El río Grande, es una división del río de Tulancingo, que en su trayecto toma diferentes nombres, San Lorenzo, Santa María y Río Grande, al pasar por este municipio.

En 1883, Manuel Rivera Cambas, describe a Tulancingo de la siguiente manera:

De los dos ríos que riegan el Valle, uno apenas merece especial atención, nombrado Tulancingo, se forma de los dos de San Lorenzo y Hueyapan, el uno nace tres leguas al sur de la ciudad y el otro a menor distancia por el sureste. Unidos a media legua de la población, siguen corriendo un espacio de cuatro a cinco leguas, hasta incorporarse con el de San Marcos, de la jurisdicción de Acaxochitlán, e incorporándose ambos al de los Camarones, al de Acatlán, y al de la Huasteca, forman el caudaloso río llamado de la barranca de Mextitlán. Algunas tierras son regadas con el agua que brota de los veneros de Hueyapan y Zupitlán, nacidos en las lagunas de estos nombres. En el mismo Tulancingo, nace un venero de agua potable, del que se surten las fuentes para abastecer el vecindario”.

En la zona de Tulancingo, existió un acueducto, que a la llegada de los españoles reutilizaron para el traslado de agua, el cual estaba adornado con una caja de agua, decorada con ranas y que, de igual manera era utilizado para el abastecimiento de agua.

Actualmente ese acueducto está a punto de desaparecer, ya que después de la construcción del boulevard que comunica a Cuautepec con Tulancingo, fue destrozada gran parte.

Debajo de este acueducto pasa el río Tulancingo, que a su vez atraviesa la zona civil prehispánica, mejor conocida como Tepantitla, en el municipio de Cuautepec, y Exquitlán, en el municipio de Santiago Tulantepec, ambas zonas habitacionales, pertenecientes a la zona arqueológica de Zazacuala.

Bien pudiera ser este acueducto, el conductor del agua del venero que nacía de Tulancingo, para abastecer a la ciudad, y que su edificación es muy parecida al puente de la Paz en Cuautepec, y al de Ahila, ambos utilizados para comunicar a las comunidades y extender el camino que vio su origen a principios del siglo XIX.

La particularidad del puente del acueducto de Tulancingo es que en su interior trasladaba agua, y es ésta la última relación histórica que nos queda sobre este acueducto antiguo para investigar su origen y antecedentes, el cual deberíamos valorar y rescatar.

 

Marco Antonio Mendoza Bustamante

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