Dolores Soto, los colores de su paisaje.

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Por Marco Antonio Mendoza Bustamante

La Real Academia de San Carlos, en la Nueva España, fue fundada el 4 de noviembre de 1781 en honor al rey Carlos III, justo el día de su santo, y empezó a impartir clases bajo el nombre de Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos: arquitectura, pintura y escultura de la Nueva España, instituida como la primera escuela de arte del continente americano.

En dicha época la mujer no figuraba en las artes plásticas, no había oportunidad de que ninguna mujer estudiara artes y mucho menos de que sobresaliera.

Fue hasta fines del siglo XIX, que se inscribieron algunas alumnas regulares a la Academia, aunque sin la oportunidad de asistir a la clase de desnudo, las tres primeras estudiantes, que cursaron completa la carrera de pintor, fueron: Otilia Rodríguez, Mercedes Zamora y la tulancinguense Dolores Soto.

María Dolores Soto Madariaga, nació en Tulancingo, en el territorio del recién creado estado de Hidalgo en 1869; hija de Javiera Madariaga y de Francisco Soto, fue en su ciudad natal donde inició sus estudios de dibujo y pintura.

Convenció a su madre de dejarla estudiar pintura en México; de inmediato llamó la atención por su gran vocación y capacidad artística, por lo que el pintor José María Velasco, la tomó como aprendiz, haciéndola resaltar como gran paisajista.

De sus inicios sobresalen las pinturas al óleo Puesta de Sol en Chapultepec de 76 x 53.5 cm, Río de Tulancingo de 76 x 53.5 cm. y Hacienda de Mimiahuapan de 29 x 31 cm. junto con el retrato de Conchita Barona donde se confirma y se acentúa su gran capacidad como pintora.

La revista “El Álbum de la Mujer” del 17 de junio de 1888, le dedicó un extenso artículo que inicia de la siguiente manera:

Sabéis señoras, ¿cuál entre vuestras compatriotas ha sido la primera que ha trabajado admirablemente en la Academia de San Carlos?, Dolores Soto. Perdónenos la modesta joven, pero no hemos podido resistir al deseo de estampar su nombre. A la mujer mexicana le conviene conocerlo para que le sirva de estímulo”.

Por otro lado, el 28 de julio de 1892, cuando Dolores Soto aún era estudiante, Eduardo A Gibbons, crítico de arte, elogio su cuadro “Objetos de costura”.

Se sabe que participó en la Exposición Colombina de Chicago, la cual se llevó a cabo del 1 de mayo al 31 de octubre de 1893, la manifestación más importante y popular de cuantas se organizaron en el Mundo para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América, entre las novedades científicas y técnicas que se pudieron admirar allí figuraban el “kinematoscopio” de Edison, uno de los precursores del cinematógrafo, “las corrientes de alta frecuencia” de Tesla y el gran telescopio de “Yerkes”.

El 17 de noviembre de 1899, se casó con Rafael Aurelio Agustín Barona López en la Iglesia de San Cosme y San Damián, en la Ciudad de México. A partir de ese momento fue conocida como Dolores Soto de Barona, lo cual la llevó a combinar los papeles de esposa, maestra de arte y gran pintora, exponiendo en diversos lugares.

Tuvo tres hijos, Pablo Barona Soto en 1901, María Auxiliadora Barona Soto (Mili) en 1904 y  José Luis Ignacio Felipe Antonio Julián Rafael del Sagrado Corazón de Jesús Barona Soto en 1908.

Entre otras obras de Dolores Soto, sobresalen: Bosque de Chapultepec, San Juan Bautista niño, Sagrada Familia, Cupidos, Bodegón con flores y pájaros, Convento de Acolman, Peñasco, Retrato de su hija Mili vestida de china poblana y La fábrica del papel Peña Pobre en Tlalpan; además de varias imágenes de la Virgen de Guadalupe, mismas que pertenecen a una colección particular y que son imposibles de conocer.

Discípula predilecta de José María Velasco, de quien hiciera copias de sus grandes obras, falleció en la Ciudad de México en 1964, dejando un legado y una obra digna de exposición mundial.

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