La Madona de los pobres de México.

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Por Marco Antonio Mendoza Bustamante.

La adoración a la Virgen de los Ángeles, se remonta al siglo IX, cuando el papa Liberio ordenó a los Eremitas que edificaran una pequeña iglesia conocida como Porciúncula, en el valle de Josafat, donde fueron alojadas reliquias de la tumba de la virgen María.

En el año 1208, el abad san Benito, le otorgó dicha iglesia a Francisco de Asís, quien la restauró con sus propias manos, y un 24 de febrero de 1208, escuchó el llamado de Jesús, para que comenzará su peregrinación y una vida de pobreza y santidad.

De esta manera inicia la romería de la orden de los franciscanos; el primero de ellos en llegar al nuevo continente, fue fray Pedro de Gante en 1523, después llegaron a la Nueva España, en 1524, 12 religiosos dirigidos por fray Martín de Valencia, quienes seguramente promovieron el culto a la virgen de los Ángeles.

Se dice que los franciscanos fueron muy respetuosos con las actividades cotidianas de los pueblos indígenas de la Nueva España; y se establecieron en Texcoco para aprender la lengua de los nativos.

Los primeros lugares donde comenzaron a evangelizar fue Cuautitlán y Tepoztlán, como refiere fray Toribio Motolinía. En el valle del Mezquital, el actual territorio del estado de Hidalgo, los franciscanos llegaron gracias al fraile Francisco de Vetancurt, quien además aprendió a hablar otomí y edificó la primera iglesia franciscana en Tula, conocida como capilla 16 de enero, en donde fueron evangelizados miles de otomíes de la región.

A Tulancingo, los franciscanos llegaron en el siglo XVI, donde fundaron la Doctrina de San Juan Bautista Tullantzinco, donde edificaron una primera iglesia que sería modificada a finales del siglo XVIII, y que es la actual Catedral Metropolitana de nuestra ciudad.

En 1580 la ciudad de México hubo una fractura en una construcción hidráulica, que ocasionó una grave inundación, dañando los barrios más pobres de la ciudad; al lugar llego un cuadro de la virgen, entre escombro y lodo fue rescatada por el noble indígena Tzayoque, mismo que le construyo un pequeño adoratorio con adobe, e hizo repintar la imagen, misma que fue adorada y le fue construida una iglesia mayor en 1595, por el arzobispo Pedro Moya.

El santuario de la Virgen de los Ángeles fue edificado en el barrio tlatelolca de Coatlán, que en náhuatl significa “Lugar de las Culebras”. Cabe señalar que, en la antigüedad era celebraba la fiesta conocida como “Las Luces de los Ángeles”, donde a partir del 2 de agosto, durante ocho días consecutivos se extendía la fiesta, y a la cual acudían personas de todos los rumbos de la ciudad, y de distintas partes del interior del país, llegando a ser una fiesta casi tan grande como la de la virgen de Guadalupe, donde en épocas cuando ya existían las vías férreas, los trenes no se daban abasto.

Es importante resaltar que dicha celebración católica, es muy cercana a la celebración prehispánica Tlaxochimaco, de la bendición de la milpa o fiesta del maíz tierno, apogeo de las lluvias y el crecimiento del maíz, de acuerdo con el calendario agrícola prehispánico.

Ignacio Manuel Altamirano describe la fiesta en Tlatelolco de la virgen de los Ángeles, en su libro “Paisajes y Leyendas. Tradiciones y Costumbres de México” de la siguiente manera:

Amanece y las calles que conducen a ese lugar, bastante retirado el centro, se inundan de gente. Santa Isabel, san Andrés, el puente de la Mariscala, la Estampa de san Andrés, las Rejas de la Concepcion, la plazuela, las de santa María por una parte, todas las que desembocan en la plazuela de Villamil por otra, y por el oeste las nuevas de Soto y de la Magnolia, dan paso á un ejército de peregrinos llevando grandes cestos con manjares y botellas. Un mundo de atrtesanos con cuc mujeres y una lechigada de chicuelos se dirigen devotamente á pasar el día en el lugar santo. Por el rumbo del norte y por las vías de Guadalupe y Nonoalco, han llegado numerosos romeros de los pueblos indígenas, aunque a fuerza es confesar, que la Virgen de los Angeles no tiene tanta popularidad entre los antiguos habitantes del país como la de Guadaluoe. 

La virgen de los Angeles es rigurosamente la madona de los pobres de México… ”.

En las manos artísticas de un otomí del valle del Mezquital, la Virgen de los Angelitos quedo plasmada en una pared de adobe en una casa a pies del cerro del tezontle, en 1736; y gracias a la devoción de los peregrinos que llegaban al lugar para adorarla en los primeros días de agosto, la virgen de los Ángeles fue declarada patrona de la diócesis de Tulancingo, lo cual fue autorizado el 26 de abril de 1877.

La ruta de la adoración a la Virgen de los Angelitos es muy probable que primero, gracias a la fama, se hubiera diseminado desde Tlatelolco a las demás demarcaciones franciscanas, y de ahí al resto del territorio mexicano, y que fuera acogida por los más pobres de aquellos tiempos y celebrada su fiesta el 2 de agosto como en aquel barrio de la ciudad de México, y hoy en día, en Tulancingo.

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