El Milagro Guadalupano en Tulancingo

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Por Marco Antonio Mendoza Bustamante

Después de la caída de México Tenochtitlán, Cortés dio inicio a campañas militares para conquistar el resto del territorio mesoamericano, entre las conquistas, destacan las de Michoacán y Yucatán.

Entre 1523 y 1524, se dieron diversos encargos a caballeros españoles para recabar información e iniciar la repartición de los territorios.

Antonio de Carbajal fue el encargado de una relación entre todos los pueblos y habitantes, de ello obtuvo como encomiendas las provincias que hoy son la Unión, Coahuayutla y Costa Grande hasta llegar a Técpan.

Debido a sus servicios, en 1530, el emperador Carlos I, le concedió las siguientes armas a su escudo: en campo de azur, dos leones rampantes y afrontados al natural, sosteniendo una corona de oro con las manos.

Hacia el año 1531, apenas se empezaba a diseminar la noticia de la aparición de la Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac, y las anécdotas de sus milagros alcanzaron el valle de Tulancingo.

Antonio de Carbajal acompañaba a su hijo Andrés Tapia y Carbajal, quien había sido designado Alcalde Mayor de Tulancingo, por lo que en 1563 se dirigían hacia esa provincia; durante su viaje a caballo, decidieron bajar a orar en el santuario de la Virgen de Guadalupe.

Cuando retomaron su camino, el caballo en el que iba don Antonio se desbocó, espantado a causa de un bulto sobre el camino, se arrojó entre nopaleras y piedras filosas, mientras don Antonio había quedado atorado de un estribo.

Los mozos y don Andrés intentaron varias veces detener a la bestia así que, al verse en tan peligrosa situación, Antonio de Carbajal invocó a la imagen de la virgen de Guadalupe, la cual se apareció frente al furioso animal, lo detuvo del freno y el caballo se arrodilló, poniendo el hocico en la tierra.

Así, alcanzaron al caballo, encontraron a don Antonio colgado del estribo, y al levantarlo, se sorprendieron de encontrarlo sin ninguna lesión ni rasguño, atribuyéndole el milagro a la virgen de Guadalupe.

Ante el milagro, don Andrés Tapia y Carbajal, erigió en Tulancingo un costoso y bello retablo, en el que se ve pintado el suceso.

 

Portento Lazo de la Vega, diseminó la noticia del milagro en náhuatl, por lo que muchos fieles a la virgen de Guadalupe organizaban año con año, una fiesta que conmemoraba la aparición de la virgen en Tulancingo, que duraba días y era la más grande en la ciudad.

El retablo se encuentra en el santuario a la Virgen de Guadalupe que, por la edad, seguramente debe tener cuidados extremos, y sobre la celebración del milagro, no queda memoria en la colectividad de nuestra ciudad.

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