Don Pánfilo García… el famoso hacendado que dicen fue compadre del diablo

¿Qué tan interesante te parece?

¿Sabes quién fue Pánfilo García Otamendi? Es el famoso hacendado, dueño de la Hacienda de Exquitlán y protagonista de la leyenda más famosa de nuestra ciudad. En la imagen (cortesía de Ignacio Villegas) aparece Pánfilo con sombrero. Te  invito a que sigas leyendo para conocer más sobre esta historia.

Hace muchos años en Tulancingo, Hgo.,  vivió Don Pánfilo García, un hacendado con mucho poder e  inmensa fortuna,  se rumoraba que tenía pacto con el Compadre, que es como le llaman al Innombrable en Huapalcalco. Al parecer, Pánfilo siempre se refería a su compadre con mucho orgullo, lo que pocos sabían es que no era un ente sobrenatural, sino el muy terrenal y poderoso Porfirio Díaz.

Hay varias versiones sobre las cuales tenía solo 99 haciendas, una de ellas es una supuesta maldición o que una ley que prohibía tener 100.

Cuentan que Don Pánfilo García era  malo y cruel con sus trabajadores, un auténtico latifundista porfiriano que trataba a sus peones como esclavos. Su única hija era su favorita, pero ella cometió el error de enamorarse de un peón, por lo que cayó de la gracia de su padre.

Al confesarle su hija que estaba profundamente enamorada de un peón y  de su intención de casarse con él, en un arrebato de ira, Don Pánfilo  se enfureció tanto que la golpeó y la encerró durante muchos meses, al peón, lo mandó traer para torturarlo  hasta destrozarlo y aunque su hija le rogó que le diera Santa Sepultura, su padre no le hizo caso y él dio el cuerpo del enamorado de su hija en partes a los puercos para que fuera devorado, su hija al ver tanta crueldad, se deprimió tanto que se suicidó.

Pánfilo con todo y lo cruel que era, se enfermó después de la muerte de su hija. Mandaba traer  doctores de muchas partes,  éstos al conocer su posible fin, preferían huir, pues si no lo curaban, los arrojaban a los ya famosos puercos,  cada día que pasaba se enfermaba más y más, todo era de tristeza, hasta que murió dejando una enorme fortuna, de la cual ninguna persona podía tomar ni un centavo ya que los que se atrevieron murieron, después de escuchar el replicar de las campanas por mucho tiempo, el pueblo al fin se pudo reunir para darle una Santa Sepultura, en el momento del salir de la Iglesia cayó una tremenda tormenta, por lo cual se  tuvo que esperar por varias horas para seguir el cortejo, cuando iban llegando al cementerio la caja empezó a rechinar con mucha fuerza, los asistentes al sepelio, aunque estaban muy asustados, no se retiraban hasta que lo terminasen de sepultar, y se han llevado tremenda sorpresa, pues cuando lo enterraban, era inmediatamente expulsado el féretro a la superficie, después de varios intentos de enterrarlo, sin tener éxito aún, acordaron entre todo el pueblo, que  los peones que le fueron más fieles, lo llevaran a  las montañas más lejanas que pudieran, cargando todo su oro, joyas y dinero y así, cargaron varios burros y a Don Pánfilo García lo llevaron en una carreta, después de dejarlo en esos lares, los peones regresarían en los burros, ya que se pretendía enterrarlo con toda su fortuna, dicen, cuando iban en camino, los senderos se abrían y los burros empezaron a caer al vacío, y de la caja, se escuchaban lamentos y rechinidos muy fuertes que se podían escuchar a lo lejos, al llegar al lugar que habían acordado para sepultarlo los peones nunca pudieron abandonarlo para poder regresar y la gente que iba a buscarlos la atacaban y decidieron quedarse junto a su amo como “Ermitaños”, después que murieron ellos, quedaron plasmados en piedra y , con cara de horror de lo que seguramente vivieron ven el paso del tiempo, la zona se encuentra al oriente de Tulancingo, a un lado del cerro El Yolo.

Esta leyenda está basada en un personaje real y tiene como escenario a la bellísima Hacienda de Exquitlán. Al parecer varios de los hechos narrados no son mito, como el hecho de que el cadáver el hacendado no está en el panteón San Miguel porque aparecía desenterrado con múltiples golpes, en aquella época lo atribuían al demonio, yo me atrevería a pensar en muchos peones que lo odiaban, todo esto sucedió un poco antes de la Revolución mexicana.

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