Los tacos de Doña Elvira

Comer un taco, es uno de los actos más mexicanos. El taco con tortilla de maíz resume, no sólo uno de los elementos más típicos de nuestra gastronomía sino la historia misma de nuestros pueblos originarios, que son producto de la cultura del maíz.

Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España describe ampliamente los tipos de tortilla que consumían los pueblos mesoamericanos: “…Las tortillas que cada día comían los señores se llamaban totonqui tlaxcalli tlacuelpacholli, que quiere decir tortillas blancas, calientes, y dobladas, compuestas en un chiquíhuitl”.

Aún en pleno siglo XXI, la tortilla sigue siendo, como reza el dicho popular, alimento, plato y cuchara, a grado tal que tortillerías y taquerías las hay por montones y en cada esquina. No podríamos asumir la cultura del mexicano sin la tortilla o sin los tacos. Tulancingo no es la excepción, en sus calles abundan las taquerías.

Hace unos días tuve la oportunidad de acudir al llamado del hambre. Era domingo, las manecillas del reloj anunciaban la media noche y no había lugar abierto, por lo menos en el primer cuadro de la ciudad. Fui a la calle Miguel Hidalgo, a unos pasos de 21 de marzo, a degustar unos deliciosos tacos de tripa.

Sobre la calle, una luz que ilumina un pequeño estanquillo, asentado literalmente sobre la calle, invita a acercarse. El humo que sale del comal se eleva como espiral, llevando consigo un delicioso aroma que se acentúa cuando Doña Elvira, la dueña del lugar, mueve la tripa que se fríe sobre el comal.

Aunque su piel muestra las huellas del tiempo, uno no podría imaginar que detrás de esa blanca cabellera, profunda sonrisa, oído agudo y trato amable, hay 94 años de vida y 70 años de experiencia elaborando esos tacos, cuyo ingrediente principal es preparado exclusivamente por ella.

Se trata de Doña Elvira Montiel Neri, quien nació en Tulancingo un 8 de abril de 1925. Fue la segunda de 9 hermanos. Desde niña ayudaba en la tienda de sus padres Don Nicolás Montiel y Doña Paula Neri, que estaba ubicada a unos pasos de las faldas del cerro del tezontle. A los 20 años fundó su negocio que tras 70 años de existencia es uno de los más antiguo de Tulancingo.

Su memoria es envidiable. Recuerda a la perfección que cuando era una niña, Tulancingo era un lugar muy pequeño. Más parecido a una ranchería que a un poblado compuesto por unas cuantas casas, muchas de ellas muy modestas, hechas de tezontle y adobe. En el punto donde hoy es la calle Libertad comenzaban extensos campos de cultivo. Frente a la catedral yacía un cementerio.

Doña Elvira recuerda que lo que más le gustaba del Tulancingo de hace 70 años era la tranquilidad de sus calles, por las que ella transitaba de madrugada siendo una jovencita, sin que ello representara un riesgo. “La gente era respetuosa” comenta reflexiva.

Tuve tres hijos a quienes procuró darles estudios y aunque actualmente le insisten en que deje de trabajar ella se niega, esperará paciente y sonriente, como ella misma dice, a que Dios la jubile.

Tulancingo en la Historia

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Por: Marco Antonio Mendoza Bustamante

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