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¿México necesita una revolución?

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En los últimos días las redes sociales se han incendiado con comentarios en contra del aumento al precio de la gasolina. Toda clase de reflexiones han invadido Facebook y Twitter, algunas objetivas y otras tendenciosas que se han traducido en actos de violencia y saqueos, y que han polarizado a la sociedad mexicana. Hay incluso quien hace un llamado a tomar las armas y comenzar una revolución. Usted qué opina: ¿En verdad México necesita una revolución?

El precio de la gasolina es sólo el detonante de la inconformidad surgida por un mal aun más profundo que históricamente aqueja a la sociedad mexicana como un vicio que hemos venido arrastrando por siglos y que no logramos superar: la desigualdad social, esa brecha abismal entre los que menos tienen y los que lo tienen todo.

Hace poco más de 200 años, el naturalista, astrónomo y geógrafo Alexander von Humboldt, viajó a nuestro continente para documentar las maravillas del nuevo mundo.

Llegó a Acapulco en 1803 y recorrió diversos rincones de la Nueva España en los territorios que actualmente ocupan los estados de Hidalgo, Guanajuato, Puebla y Veracruz.

Tras su viaje, describió a lo que hoy es la República Mexicana como el país de la desigualdad… “Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo de la tierra y población”, afirmó este sabio Alemán al referirse a México.

La descripción que Humboldt hizo en el siglo XIX pareciera seguir vigente, aun después de la guerra de independencia que permitió concebirnos como una nación libre; aún después de la Revolución Mexicana que sentó las bases para construir una nación de derechos. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué México sigue siendo un país desigual? ¿Qué nos toca hacer a usted y a mi para aportar un granito de arena y revertir esta situación?

La desigualdad es un problema que se acrecienta ante la ausencia de valores que deriva en acciones irresponsables motivadas por el enojo y la impotencia.

Hemos olvidado la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene por el otro, por nuestros hijos, por nuestros padres, por nuestros hermanos, por nosotros mismos y por la sociedad.

Nuestras acciones, cualquiera que sea su dimensión, repercuten en el otro. Devolver o no, una moneda que no era nuestra y que llegó por error a nuestras manos, puede marcar el inicio de una cadena que determine que tan honestos somos como sociedad.

Hemos olvidado o decidido olvidar qué se siente hacer algo bueno porque estamos llenos de desconfianza, porque hemos generado hombres y mujeres que ya no creen en la nobleza. Nosotros mismos asumimos que México es el país del sí se puede, aunque sea incorrecto.

Podemos buscar culpables. Culpemos por ejemplo, a la escuela, pero recordemos que si la escuela es la segunda casa, entonces la casa es la primera escuela. Reflexionemos qué podemos hacer para ser una mejor sociedad, hagamos críticas que construyan, la violencia en este siglo no va a resolver nuestros males.

Si una revolución necesita México no creo que esta se desahogue con las armas… Hagamos mejor una revolución cultural que nos transforme, una revolución de ideas que nos haga mejores y nos reinvente.

Tal como dijera Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”… Empecemos hoy, hagámoslo por nuestra patria.

Marco Antonio Mendoza Bustamante